Rubén Darío González - Memorias por la vida
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Rubén Darío González

Rubén Darío González fue el décimo tercer venezolano que murió en el contexto de manifestaciones en el estado Carabobo y con él, la cifra de víctimas de la represión en el país ascendió a 93 en más de 100 días de protestas.
“Después de que uno cría un hijo, le enseña valores, para que venga otro y lo mate. No es justo. No sé si ese era su destino”, dice la madre del joven de 16 años, Dexy González.
El 10 de julio de 2017 González culminó sus clases como bachiller. Entusiasmado por llegar a casa, le muestra a su mamá lo que sus compañeros le habían escrito en sus camisas. “Chávez no vive, la lucha sigue… La lucha de pocos, vale por el futuro de muchos”, se lee sobre el beige de la chemise.
A las 5:45 pm ingresa a un centro asistencial otro venezolano que, nuevamente, no tenía signos vitales. Su protesta por un país mejor en la Isabelica, Valencia resultó en un proyectil impactado directamente en su pecho por un Guardia Nacional Bolivariano (GNB).
“Yo digo que esto, esta situación llevó a los jóvenes a salir a la calle. A pesar de todo, yo siempre intentaba conseguirle a mis hijos una frutica, sus verduras, en fin, sus comidas completas. Pero en los últimos tiempos no pude. Ya teníamos dos navidades sin comer hallacas, pan de jamón. Era muy triste. A veces yo ni me paraba y Rubén me decía ‘párese mamá, párese que si vamos a tener”, explica Dexy.
Bajo el árbol de su hogar recuerda a su hijo como un ser muy especial, maduro, que a pesar de las dificultades que enfrentaban como familia, no abandonaba la echadera de broma, el entusiasmo y la alegría.
El joven participaba en el denominado trancazo en la avenida principal del sector cinco de la urbanización. A pesar de que se designó a la Fiscalia 20 de Carabobo para la investigación de lo sucedido, el caso sigue paralizado.
“Con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, la destitución de la Fiscal, las cosas fueron cambiando aún más. Ahora no tenemos a nadie que nos ayude y la realidad es que no podemos costear a un abogado”, cuenta González.
Hablar de Rubén Darío no es fácil para esta madre. Sus ojos instantáneamente se impregnan de lágrimas, pero también enseña unas risas cuando recuerda los desayunos con su hijo en el patio, bajo el árbol.
“Este árbol lo sembró él. Yo a veces vengo acá solita, a hablar con este árbol. A pensar. Yo bromeaba y le decía, cuando me muera echas mi cenizas acá, Rubén. Y bromeando me respondía: ‘ay, te vamos a comer`. Como este es un árbol de peras. Pero la realidad es que Rubén nos sembró muchas cosas”, concluye.
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