David Vallenilla - Memorias por la vida
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David Vallenilla

La tarde del 22 de junio 2017, luego de salir temprano de su trabajo, un joven enfermero decidió sumarse a una manifestación pacífica que se desarrollaba en la Autopista Francisco Fajardo en Caracas. Eran cerca de las cuatro de la tarde y se observaba a David Vallenilla utilizando una venda de gaza blanca como guante, lentes de natación para cubrir sus ojos y un morral donde llevaba el pote vacío del almuerzo. “El reducido almuerzo que la situación del país le permitía tener”, cuenta su papá, David Vallenilla.
Al momento de cruzar la calle, en los alrededores de la Base Aérea la Carlota, una formación de tres funcionarios de la Policía de la Fuerza Aérea Nacional Bolivariana se le acerca, dos de ellos con escudos protectores, y el tercero, ubicado en el centro, con un arma de fuego, tipo escopeta, apunta directo a David José, propinándole cuatro impactos en el pecho. Cuatro esferas metálicas traspasaron sus órganos vitales: hígado, corazón y pulmones, el mismo día en que el presidente de la República, Nicolás Maduro, reiteraba la prohibición de armas letales en las manifestaciones civiles y públicas.
“El caso de mi hijo y el resto de los jóvenes evidencia la existencia de un ataque sistemático por parte del Ejecutivo a la población disidente», agrega Vallenilla. Por lo tanto, asevera que la responsabilidad de los hechos recae en numerosas personas.
La última vez que se vieron fue un domingo del día del padre justo cuatro días antes de los hechos. En esa reunión familiar, le advirtió: “Hijo cuando salgas del trabajo agarra esta ruta, ten mucho cuidado. La calle está peligrosa. No te vayas a ir por Altamira”.
Los pájaros continúan extrañando a David José y gritan “papá, papá”. Su tía, Sara Vallenilla, asegura que eso era por él. Cada vez que el joven limpiaba o hacía algo en el patio llamaba a su padre y las aves imitaron esos sonidos.  La relación de este padre e hijo era una de respeto y admiración mutua. Cuando era una adolescente, David José se rapó todo el cabello para intentar imitar la calvicie de su padre. “Era su modelo a seguir”, asevera Sara Vallenilla.
Esta familia se encuentra, a un año de los hechos, a la espera de un juicio hacia los responsables. “De nada sirve tener las mejores leyes si no existe una voluntad de dar respuesta a las exigencias planteadas”, lamenta David Vallenilla.
«El presunto fue detenido en el acto pero dos meses después presentado ante los Tribunales, fueron realizadas las experticias de rigor, las decisiones iban y venían, órdenes y contra órdenes», agrega.
Desde la clínica el señor Vallenilla tuvo que enfrentarse ante las injusticias. Allí, donde se certificó la muerte, el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC) actuaba en contradicción con el Ministerio Público. «Se intentaban llevar el cuerpo, sin dar explicaciones. Además, el director de seguridad se negaba a entregar las evidencias al responsable de la Cadena de Custodia de la Fiscalía, en todo momento los procedimientos de rutina parecían estar amenazados. Pero la verdad se impuso”, acota Vallenilla.
Durante el sepelio, entre abrazos y sollozos, recibe una llamada de parte del vicepresidente de la República, quien le manifestó que encontrarían a los responsables del crimen. A un año de los hechos, no se ha llevado a cabo ni la audiencia preliminar. «Solo ha habido una intención clara por parte de los entes responsables: denegar justicia. Ni siquiera se sabe dónde está el imputado», asevera Vallenilla.
Vallenilla narra que hace unos meses asistió a una misa en honor a los caídos en el “Caracazo”. Confiesa que él jamás imaginó que podría atravesar por una situación similar, y muchos menos, por los mismos responsables que ocasionaron centenares de muertes hace treinta años.
David Vallenilla
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